Hace mucho tiempo que no posteo. Por un par de meses, se me fueron las ganas de escribir, y hoy ha cambiado un poco eso, pues me he dado cuenta que voy escribiendo en base a la pena, y en estos últimos tiempos se me ha hecho un poco difícil encontrar palabras para mis emociones.En estos días, conversando sobre los problemas que una amiga tiene en su relación, me da por escribir sobre lo complicado que es avanzar hacia una misma dirección con una pareja, cuando no se está seguro de ello. Las personas eligen muchas veces a su compañero de viaje a ciegas, o para mantener una relación como refugio para no encontrarse a solas consigo mismo. Le huyen a la soledad, y no se dan cuenta que al hacer eso hacen un muro, de esa misma soledad, en torno suyo.
Justamente porque van en fuga se conforman con una compañía que no les llena por completo, y al final se quedan solos igual. Es cierto que es importante recibir y dar afecto, pero no puedes mostrar, ni hacer sentir a tu pareja que le quieres, sin soportar la idea de que puede llegar un momento en el que estés solo.
Soledad y compañía. Ambas cosas son válidas en la vida, e incluso, me atrevo a escribir que la primera está implantada en nosotros, desde siempre. Venimos solos, y por más que tengamos diez mil conocidos a lo largo de nuestra vida, nos vamos solos de ella.
Todas las personas necesitamos comunicarnos, pero es tan difícil que transmitamos nuestros pensamientos y deseos a nuestros semejantes, sino los tenemos claros con nosotros mismos. Si no te sientes completo o lleno con tu pareja, la comunicación se vuelve nula, la rutina se apodera de la convivencia diaria, y se niegan a un cambio por mil y un razones que inventan para no encontrar las respuestas adecuadas a sus preguntas internas. Olvídense, que el que no puede estar solo consigo, no puede estar en compañía de nadie.
