24 de marzo de 2009

El cuerpo (fragmento) - Stephen King

"Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Son cosas de las que uno se avergüenza, porque las palabras las degradan. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Claro que eso no es todo, ¿verdad?
Todo aquello que consideramos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos, como marcas hacia un tesoro que los enemigos ansiaran robarnos.
Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos sólo con la mirada extrañada de la gente que no entiende en absoluto lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante como para que casi se nos quiebre la voz al contarlo. Creo que eso es precisamente lo peor. Que el secreto lo siga siendo, no por falta de un narrador, sino por falta de un oyente comprensivo".

20 de marzo de 2009

Hoy? Una mujer alterada

No buscar el sentido en las cosas:
¡Sino introducirlo!

Friedrich Nietzsche

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Hace un par de días me mandaron una “amonestación verbal-escrita, con copia al expediente” (si, lo verbal-escrito existe!). Resulta que tuve un par de tardanzas en febrero, y el salir de aquí de lunes a viernes cuando el sol ya no me acompaña, no importa. Lo que es realmente importante aquí, mis queridos señores, es lo que yo hubiera podido hacer en esos JUSTOS 2 o 3 minutos que llegue tarde. Esos 3 minutos que le robé al Estado me hacen ser una irresponsable laboral. ¿CÓMO PUDE HABER HECHO SEMEJANTE COSA?

Rápidamente he buscado una solución al “problema”, y adelanté unos 15 minutos mi reloj de mano, el de la casa, el del carro, y todos los que tenga a mi alcance, y así me doy el lujo de especular con mis minutos y vivirlos de forma adelantada.

Exxxxxx...... un momento! ¿vivir adelantándome para llegar temprano al trabajo? Yeii eso es ganancia pura! Lo que soy en realidad es una víctima de la absurda inflexibilidad laboral. Lo escribí hace un par de meses, lo repito hoy, y lo repetiré por siempre: el trabajo no dignifica, el trabajo cansa. Me he dejado llevar por la alineación laboral, a trabajar por compromiso y a cumplir obligaciones. Y no estoy sola en esto, tu también.

La verdad duele, y mucho. Duele por varias razones: porque en el fondo nadie quiere oírla (especialmente si te afecta personalmente), porque es lo único que podemos decir, porque hay que expresarla en voz alta (o escribirla) para entenderla. Duele porque no nos podemos contener ni un minuto más, y otras tantas, porque sentimos que es nuestra obligación.

Pero bueno, señores…. lo dicho, dicho está, y lo escrito, escrito está. Hoy estoy convertida en una mujer alterada, así que me da igual lo que piensen, lo que no, y que lea esto el que quiera… y el que no? que no lo lea. Me retiro de este escenario hasta el lunes a primera hora. Son las 5 de la tarde de un hermosísimo viernes-principio-de-fin-de-semana, y tengo la posibilidad de irme temprano, así que doy un pasito para atrás, y hago una reverencia. Si me preguntan en los pasillos que sucede… ¿perdón? No señor, nada es como parece… e instantáneamente aparecerá mi sonrisa, acompañado de una leve petición de anonimato.