Siendo una ciudad de relativamente pocos habitantes, y sobretodo que no hay muchos lugares donde ir, deberían ser más las probabilidades de encontrarnos con personas que hemos conocido al paso de los años. Pero es como si los que vivimos aquí, fueran exclusivamente los que nos rodean, y rodeas en la actualidad, y que tus exparejas, extikitikis, amigos que fueron y que hoy no lo son, compañeros de la escuela, de antiguos trabajos, de la universidad, personas que salieron por la puerta trasera de tu vida, ya no existieran. Como si puf! … se hubieran evaporado. Y esto en muchos aspectos me marcha bien. Muchas veces funciona que sólo estés rodeado por quien te interesa y rodeando a quien le intereses. De esta forma, excluyes de tus pensamientos y palabras a personas a quien no te apetece para nada tener en cuenta.
Hoy tuve dos encuentros: uno personal, y el otro telefónico (y a muchas millas de distancia) con 2 personas de esta última categoría. La primera, fue tempranito entrando a la Arrocha. No lo había visto, y llegó a saludarme mientras estaba en caja. Mientras me hablaba sólo llegué a pensar que 1. ¿Porque carajo se había quitado la barba? y 2. ¿Cómo puede ser que algo que yo pensé muy fuerte haya quedado incoloro con el paso del tiempo?
Mientras los recuerdos venían a mi mente como si estuviera viendo un proyector, me contó como un lorito bien portado, que estaba bien, trabajando en el mismo lugar, que siempre se acuerda de mi (¿?) y que me veía muy bonita (ayer me hice blower, jeje). Básicamente me dio un resumen de su vida actual, olvidando el pequeñito detalle de mencionarme a su esposa (auch!). Remedié la situación sonriendo y despidiéndome rápidamente sin dar mucha vuelta en lo que se perdió, y que no volverá.
Llegando al trabajo, y aún con la pregunta de la barba en la mente, recibí un mensaje de texto de un número desconocido, y luego dos llamadas perdidas. Al tercer timbrazo contesté. Era la segunda persona.
Ha pasado casi año y medio desde la última vez que supe de él, cuando se despidió con un “te llamo”, que en realidad significó un “más nunca te llamo”. Aclaro que el tipo no es panameño (y de ningún país del norte, fuchi!) así que mujeres tranquilas, que los hombres son lo mismo sin importar el país de procedencia. El hombre saludandome como si nada, como si hubiera sido ayer.
Dicen que el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. No creía en esto, hasta hoy… y no justamente porque no me había sucedido. La vida no me lo había demostrado, porque generalmente el que se me fue sin que lo echara, no volvió más nunca, ni para agarrar impulso!
Pero hoy hubo un fantástico 2x1 donde me probó que es así. En una mañana cerré dos capítulos sin terminar y voltee la página rápidamente. La giré con algo de desconcierto. Y es que a veces el reencontrarnos con personas de nuestro pasado conlleva a que no nos reconozcamos en la persona que éramos. Suele ocurrir con el paso del tiempo.
En una mañana, estas dos personas con quien tenía más de año y pico de no saber nada, me hicieron una invitación. Una para almorzar, y el otro para visitarle. A ambos les dije que no, que estaba con alguien y que era feliz.


