26 de febrero de 2009

2 x 1

Siendo una ciudad de relativamente pocos habitantes, y sobretodo que no hay muchos lugares donde ir, deberían ser más las probabilidades de encontrarnos con personas que hemos conocido al paso de los años. Pero es como si los que vivimos aquí, fueran exclusivamente los que nos rodean, y rodeas en la actualidad, y que tus exparejas, extikitikis, amigos que fueron y que hoy no lo son, compañeros de la escuela, de antiguos trabajos, de la universidad, personas que salieron por la puerta trasera de tu vida, ya no existieran. Como si puf!se hubieran evaporado.

Y esto en muchos aspectos me marcha bien. Muchas veces funciona que sólo estés rodeado por quien te interesa y rodeando a quien le intereses. De esta forma, excluyes de tus pensamientos y palabras a personas a quien no te apetece para nada tener en cuenta.

Hoy tuve dos encuentros: uno personal, y el otro telefónico (y a muchas millas de distancia) con 2 personas de esta última categoría. La primera, fue tempranito entrando a la Arrocha. No lo había visto, y llegó a saludarme mientras estaba en caja. Mientras me hablaba sólo llegué a pensar que 1. ¿Porque carajo se había quitado la barba? y 2. ¿Cómo puede ser que algo que yo pensé muy fuerte haya quedado incoloro con el paso del tiempo?

Mientras los recuerdos venían a mi mente como si estuviera viendo un proyector, me contó como un lorito bien portado, que estaba bien, trabajando en el mismo lugar, que siempre se acuerda de mi (¿?) y que me veía muy bonita (ayer me hice blower, jeje). Básicamente me dio un resumen de su vida actual, olvidando el pequeñito detalle de mencionarme a su esposa (auch!). Remedié la situación sonriendo y despidiéndome rápidamente sin dar mucha vuelta en lo que se perdió, y que no volverá.

Llegando al trabajo, y aún con la pregunta de la barba en la mente, recibí un mensaje de texto de un número desconocido, y luego dos llamadas perdidas. Al tercer timbrazo contesté. Era la segunda persona.

Ha pasado casi año y medio desde la última vez que supe de él, cuando se despidió con un “te llamo”, que en realidad significó un “más nunca te llamo”. Aclaro que el tipo no es panameño (y de ningún país del norte, fuchi!) así que mujeres tranquilas, que los hombres son lo mismo sin importar el país de procedencia. El hombre saludandome como si nada, como si hubiera sido ayer.

Dicen que el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. No creía en esto, hasta hoy… y no justamente porque no me había sucedido. La vida no me lo había demostrado, porque generalmente el que se me fue sin que lo echara, no volvió más nunca, ni para agarrar impulso!

Pero hoy hubo un fantástico 2x1 donde me probó que es así. En una mañana cerré dos capítulos sin terminar y voltee la página rápidamente. La giré con algo de desconcierto. Y es que a veces el reencontrarnos con personas de nuestro pasado conlleva a que no nos reconozcamos en la persona que éramos. Suele ocurrir con el paso del tiempo.

En una mañana, estas dos personas con quien tenía más de año y pico de no saber nada, me hicieron una invitación. Una para almorzar, y el otro para visitarle. A ambos les dije que no, que estaba con alguien y que era feliz.

6 de febrero de 2009

Miedo

Dicen y he dicho mil veces que hay que dejar que las cosas sucedan solas, que todo sigue su curso, que lo que pasara... pasará.

He repetido tantas veces como mi nombre, un dicho (que creo que es) cubano y que me encanta: “Lo que sucede, conviene”. He dado consejos por doquier sobre estos temas, pero como siempre ocurre, resulta que consejos vendo, y para mí no tengo.

Y es que, a pesar de que en mi historial hay un par de decisiones al azar, cuyos resultados han salido por la puerta trasera de mi vida, he tenido desde siempre una seria dificultad para no pensar, no reflexionar, no meditar, no preocuparme, no inquietarme, etcétera, etcétera y etcétera.

Esto no quiere decir que ando por la vida como un chihuahua nervioso, sino que hoy acepto y confieso que soy de esas maniáticas que hacen planes, listas, cálculos, reglas, enumeraciones. Acepto y confieso, que tengo decenas de cuadernos y libretas para anotar “cosas importantes”, así como que en mi bolso tengo dos cuadernitos para anotar mis pendientes, y así me voy.

Me desahogo con este post, porque ayer me di cuenta de algo, y resulta que ahora no sé si durante mis primeros 29 años estuve equivocada. Puede ser que tengan razón, puede ser que no deba preocuparme si las cosas pasan o no. Puede ser que algunas de mis manías no tengan que ver con la anticipación, ni preparación, ni premeditación, sino con el miedo. Si, miedo.

2 de febrero de 2009

Se salvaron los perros!

Ya no más castraciones para ellos! Eso es lo que predica el site http://www.dogcondoms.com/, demostrando una vez más que todo en la vida puede ser un negocio.

Ahora bien, se necesita al humano para que el perro se ponga el condon. ¿Voluntarios?