1 de septiembre de 2009

Reconocimiento

"I close my eyes and I smile
Knowing that everything is alright"
Blue October - 18th Floor Balcony

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Vuelve a las letras con el firme propósito de no dejar de brindar. Vuelve reconociendose a sí misma que es posible leer, comprender, aceptar e incluso, rechazar el amor. Acepta que es posible escribir poesía, palabras, y pensamientos hermosos... sacudiéndose temporalmente la fuerte necesidad de expresar sus sentimientos.

Pero cuando estos van más allá.. lo que realmente importa es el deseo de que esos momentos se extiendan hasta la eternidad. Importa el ir deshojando los meses, abriendo las ventanas a la vida. Dejar que el aire ocupe todo, y que la piel gane la partida.

Importa saborear la maravillosa sensación de no dar nombre a los días, ni número a las horas. Tararear su canción y perderse en un nuevo horizonte. Renacer.

Importa volver a quien fue en un principio, y no desear otros amores que no vendrán. Ser dueña de sus palabras y del trazo de sus dedos. El reconocer cuanto extrañaba la dulce intimidad.

1 comentarios:

Ricardo dijo...

No querida, "el que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá" dice con razón una canción.
"Tarear -su- canción"...no querida, lo que dice tu pasión, tu quasi-adicción, es que la música la ponía él, y nadie puede perder la propiedad sobre sí mismo sin convertirse en un esclavo.
Pero como sabemos los economistas desde 1776, "lo que abunda no vale nada" (la paradoja del agua y los diamantes -A. Smith-).
Quien pierde la propiedad sobre si mismo no puede contratar; y mal puede, entonces, negociar.
La esclavitud es un mundo sin intercambios.
No hay negociación posible, no hay precios, no hay valor...y es imposible apreciar la oferta.
En cambio, es en lo efímero de las cosas donde reside su valor.
Es en el agotamiento de la vida lo que la hace invaluable: vivirás una fracción temporal infinitesimal del universo, y en cambio morirás para el resto de los tiempos...

Con cariño, consternado ante tu exhuberancia irracional...tu economista de cabecera...

Ricardo Quiel