6 de febrero de 2009

Miedo

Dicen y he dicho mil veces que hay que dejar que las cosas sucedan solas, que todo sigue su curso, que lo que pasara... pasará.

He repetido tantas veces como mi nombre, un dicho (que creo que es) cubano y que me encanta: “Lo que sucede, conviene”. He dado consejos por doquier sobre estos temas, pero como siempre ocurre, resulta que consejos vendo, y para mí no tengo.

Y es que, a pesar de que en mi historial hay un par de decisiones al azar, cuyos resultados han salido por la puerta trasera de mi vida, he tenido desde siempre una seria dificultad para no pensar, no reflexionar, no meditar, no preocuparme, no inquietarme, etcétera, etcétera y etcétera.

Esto no quiere decir que ando por la vida como un chihuahua nervioso, sino que hoy acepto y confieso que soy de esas maniáticas que hacen planes, listas, cálculos, reglas, enumeraciones. Acepto y confieso, que tengo decenas de cuadernos y libretas para anotar “cosas importantes”, así como que en mi bolso tengo dos cuadernitos para anotar mis pendientes, y así me voy.

Me desahogo con este post, porque ayer me di cuenta de algo, y resulta que ahora no sé si durante mis primeros 29 años estuve equivocada. Puede ser que tengan razón, puede ser que no deba preocuparme si las cosas pasan o no. Puede ser que algunas de mis manías no tengan que ver con la anticipación, ni preparación, ni premeditación, sino con el miedo. Si, miedo.

1 comentarios:

EC dijo...

Hacer planes y listas es genial y algunas veces necesario. Pero deshacerlas es siempre más reconfortante.

Cada cuanto paso por tu blog y siempre hay algo interesante que leer...