Estuve sola todo un domingo. No telefoneé a nadie ni nadie me telefoneó. Estaba totalmente sola. Me quedé sentada en un sofá con el pensamiento libre. Pero en el transcurso de ese día, hasta la hora de dormir, tuve tres veces un súbito reconocimiento de mí misma y del mundo que me asombró y me hizo sumergir en profundidades oscuras de donde salí hacia una luz de oro. Era el encuentro del yo con el yo. La soledad es un lujo.
1 comentarios:
Sip, conozco esa sensacion a la perfeccion, hoy en dia no se valora la soledad y lo mucho que se puede aprender de uno mismo. cuanta gente hay q no se conoce a si mismos, me pregunto??
Pero cuidado, demasiado soledad, tampoco es bueno...
Saludos, bonito blog =)
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