Todos tenemos secretos. Los mejores son los que llevamos por dentro, los que sólo nosotros conocemos. Los que de vez en cuando nos abruman, nos consiguen sonrisas, o nos brotan lágrimas. Secretos que mezclan sentimientos confusos, pero nuestros. Sin embargo, hay ocasiones en que es mejor contar un poco más y callar menos. A veces es necesario dar a conocer algo más de la cuenta. Sólo a veces, y esto pasa cuando las cosas se dan.
Pasa cuando reparas en que has extrañado algo sin extrañarlo. Pasa cuando puedes bajar la guardia, y llegan los momentos de tranquila intimidad al lado de con quién quieres estar.
Pasa cuando te miro desde mi interior, cuando quiero que me toques, que me sientas, que tus dedos me acaricien y que pases tu mano por mi espalda. Cuando quiero que me llegues con tu mirada, y que me inhales suavemente. Pasa cuando me respiras al oído, me susurras cosas sin sentido, que no entiendo, ni necesito entender… porque no me importa, porque estás conmigo.
No importa definir que se siente, no importa detallar si es amor, ternura, pasión, querer, sino el que se nos permita recuperar el tiempo. Tener a nuestra disposición esos momentos que al segundo siguiente son un suave recuerdo de algo tan palpable que se convierte en felicidad.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada