Diez años, nueve… ocho, los que sean. El que sea mucho o poco tiempo depende del punto de vista del que se vea. Hago referencia a esto porque a veces me creo lista. Lista para emocionarme, reírme, desatar alegrías, cancelar desconsuelos, y llevarte en la mirada. Otras veces me noto con sentimientos como los de esta noche, sentimientos cargados de una tristeza honda reclamada sin querer.El problema radica en que hoy no me permití ser dura. Por supuesto que no ayuda el tener conversaciones rayando en lo mediocre, escuchar Eros Ramazzotti en el camino de vuelta, extrañarte, y llegar a una casa vacía… eso definitivamente no es un panorama memorable, así como tampoco lo es el quererte sin esperar nada a cambio (o esperarlo, pero no demostrarlo - como estrategia para no ahuyentar -).
Quizás si te comento esto en persona, escucharía una respuesta no deseada. Quizás me dirías que no siempre se puede tener la situación bajo control, y que el futuro de una relación depende de cómo se maneje en el momento. Y se que sería así porque también lo pienso.
Estoy de acuerdo en que no hay nada como tener el sartén agarrado por el mango, sin embargo a veces parecemos saber que es lo que queremos, y vemos como cada pieza encaja por sí sola, pero de un segundo a otro todo cambia. Sí, la filosofía nos mete zancadillas y resbalamos.
Perdóname por esto, pero es que me llegas a turbar. Eso me molesta, y mucho. Si, soy una tonta. ¿Enamorada? Puede ser, pero no he dicho que de ti, y tampoco lo diré…justamente porque es incómodo cuando dos personas como nosotros se quieren decir algo. Es incómodo buscar respuestas (a pesar que es parte de la naturaleza humana), y más embarazoso aún recibirlas de adonde menos la esperamos. Es mejor que los pensamientos sigan jugando y afronten una realidad que en algún momento llegará a gritar, y esto es así porque aún queriendo evitar que suceda algo, no podemos evitar que suceda.


