15 de noviembre de 2008

El rescate del status quo

Escribir resulta mucho más simple que hablar, pero es imposible enviar cartas a todo al que le quieras decir algo, o dedicar post y poemas por doquier, o declarar tu amor u odio a alguien, etc. Eso sin tomar en cuenta lo complejo que es encontrar las palabras adecuadas para que a quien escribes - en caso de ser este el caso - lo interprete de forma correcta. Quisiera que cuando se lee lo que escribo, no pareciera que soy fría, sarcástica, prepotente, indiferente, controladora o enamoradiza absurda e ilógica tal cual una Hello Kitty, sino poder transmitir con exactitud lo que siento en ese momento.

Es por eso que, contrario a lo que he dicho toda la vida, estoy empezando a creer que es mejor hablar. Pero ocurre que tengo un problema, y es que daría cualquier cosa, por deshacer esa represa impresionante que se me monta en la boca cada vez que tengo que decir algo importante. Y eso me sorprende, porque tengo capacidad para hablar por horas, y facilidad para entablar conversaciones con extraños. Pero hay ocasiones que no es así, me callo y dejo pasar el momento. Luego cuando tengo el valor de decirlo, el comentario es extemporáneo y quedo como una mujer-alterada-con-hormonas-enloquecidas.

Por eso, y al pasar de los años, los que me conocen han podido barajar esa situación, e intentan adivinar que es lo que quiero decir con mis monosílabos, y algunas veces aciertan, pero la mayoría de las veces son suposiciones equivocadas donde me creen entera cuando en realidad estoy en pedazos. No es culpa de ellos, por supuesto. Cada quien vive la vida a su manera, algunos se apoyan en sus amigos y otros se desahogan sincerándose consigo mismo. ¿Cuál de las dos opciones es la mejor? No lo se.

El sincerarse consigo mismo, sería algo como este tipo de post/confesión y me aprovecharé que tengo un par de días en los que mis hormonas danzan de forma enloquecida para mezclar un tema que estoy segura que ya he tocado antes. Las situaciónes bajo control. A veces parece que sabe lo que quieres, pero de un segundo a otro todo cambia. Todo, todo, todo cambia, las cosas cambian, las personas cambian, los tiempos cambian. Yo no soy la misma de hace un mes, y no seré la misma dentro de un mes, por eso es que – para mi - a veces tomar decisiones puede ser un problema. Quizás en realidad no sea tan complicado, pues se puede tomar decisiones para hacer algo mejor, más fuerte, más rápido, o retomar el mismo camino con más fuerza, que se yo.

Ahora, - y con el perdón de algunos- voy a caer en un cliché al mejor estilo de Rubén Blades, pero es verdad que la vida te da sorpresas. Algunas son sorpresitas simples que no mencionaré para no alargar el post, otras inesperadas que lo demás queda automáticamente en un aspecto secundario, y otras que nunca pensaste en oírlas, o decirlas. Y en estas dos si me detengo.

Por eso me refería hace un par de párrafos a las decisiones que tomamos, por ejemplo, el enfrentar a un superior, la decisión de concentrarte en lo que tienes en común con tu pareja – en vez de lo que no tienen en común - , o simplemente dejar que alguien te ayude. Hay que confiar en las decisiones y terminar pisando firme.

Mencioné el aspecto de la pareja, porque cuando uno comienza algún tipo de relación hay que tomar decisiones. Todas, o la mayoría de las relaciones comienzan con 3 aspectos fundamentales: control, dependencia y el status quo de la situación. Fuera de eso no hay mucha diferencia entre alguien que comienza una relación aquí, en Brasil, Angola o Singapur, y esto es porque todos somos humanos, todos nos equivocamos, todos tenemos caricias guardadas, todos podemos ser inseguros, todos nos podemos sentir vulnerables (o vulnerados). No hay diferencia, porque aún queriendo evitar que sucedan ciertas cosas, las cosas pasan. No hay diferencia porque todos atravesamos de vez en cuando las tan famosas "crisis existenciales", y cuando estás en pareja, ambos atraviesan esas inseguridades, las equivocaciones, la vulnerabilidad.

Y para seguir adelante, hay que tener fe – y me siento algo reacia a escribir esto -, porque la fe es creer en algo que no se puede probar, así que confiamos en las palabras del único padre y madre que conocemos. Así es como creemos en las promesas del hombre o mujer con el que compartimos la cama. Así es como confiamos en el ejemplo de nuestros amigos que nos ayudan a ser mejores personas. Todos queremos creer, pero cuando hay duda, la fe se desvanece y el miedo se apresura a tomar su lugar.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sip, siempre es importante mantener la fe, y la esperanza que es su compañera inseparable...
Saludos...