y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,
qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,
eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibiez
aiba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.
1 comentarios:
al filo de la madrugada, arrastrados por el hedor bohemio, y luego, al final, con el pleno de un nuevo día todo se acaba
con tamales en la esquina
con ceviche en el mercado.
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