Cuando dejamos que las palabras se rindan ante el silencio, ellas no desaprovechan y buscan rápidamente unos labios donde no les pongan problemas para surgir. Yo no tengo inconveniente con su partida. ¡Que se vayan!. Soy lo contrario. Y es que les agradezco su marcha, porque así puedo disfrutar ese silencio al que le reconozco mucho cariño, y me dejan disfrutar tranquila lo maravilloso que es el reencuentro de dos viejos amigos: el silencio y la soledad.
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