25 de febrero de 2008

Baterias semi-descargadas

"Fue sin querer, es caprichoso el azar... No te busque, ni me viniste a buscar"
Joan Manuel Serrat
---
No juego, ni he jugado lotería, poker, caballos, ningún juego de azar.. simplemente porque no estoy segura si ganaré, y menos si no lo practico con regularidad. La suerte no ha sido mi aliada, y los logros que he conseguido hasta ahora han sido por el empeño puesto en alcanzarlos. Nada más que eso.

Me refiero a esto, porque una amiga nos dijo a fines de la semana pasada en una de esas reuniones de ladys en Manolos (que cada vez son más distantes por diferencias de horarios de trabajo, etc.) que se casaba. Tiene mi edad, y una relación de año y pico. La mesa brillo al instante por las sonrisas y escarchas de las que estabamos presentes... menos de mi. Es justo en esos momentos que maldigo la claridad de mi rostro en algunas ocasiones que no puedo disimular lo que pienso realmente.

Un momento… no me confundan! .. Claro que me alegro cuando alguna de mis amigas aparece resplandeciente confesando que conoció a un tipo increíble, y mi entusiasmo aumenta en 100% cuando esas citas esporádicas son sustituídas por noviazgos, y de ahí a cruzan a una relación seria. Pero me asusta la parte del matrimonio donde luego del “acepto” hay muchos factores externos e internos que hacen que este contrato funcione o que acontezca caso contrario, y esta es la similitud entre los matrimonios y los juegos de azar. Todos tienen como mano derecha a la suerte… y por eso es que no me llevo bien con esa palabra.. ok, con las dos palabras.

Y es que distinguir de entre el resto del cosmos a esa persona con la que deseas evolucionar, desarrollarte, conquistar, explorar, llorar, descubrir, crecer, criar, vivir, amar, acostumbrarte, ilusionarte, y finalmente envejecer es una de las decisiones más importantes en la vida.

Esta, debe ser tomada en un momento en el que esa batería de sentimientos que ocasiona la ilusión de una nueva relación se haya aplacado y ese gusanito adictivo y cegador al que me referí en el post anterior haya disminuido un poquitín... porque me parece que es de temblar el tener que tomar esa decisión en un estado de éxtasis mental producido por las revoluciones en su máxima expresión. Al final resulta que eso es justo lo que hace que ese camino al altar parezca más el final que el principio.

Casi concluyendo el café, y rondando el tema de la fecha límite de la búsqueda de la licencia de conducir, la futura esposa nos dice que tenía que renovar la suya. Le dije a modo de chiste que lo hiciera antes de la boda para que por lo menos aún ahí apareciese como soltera.. al unísono el resto de mis amigas maldijeron la claridad de su rostro, pues estoy segura que pensaron exactamente lo contrario.